Desde tiempos remotos el hombre manchego ha utilizado distintas fuentes de energía para realizar tareas relacionadas con el trabajo diario. Pronto supo que el agua era una de las más apreciadas puesto que, aprovechando su fuerza energética, podía conseguir en poco tiempo lo que con sus manos hubiera sido, si no imposible, si lento y dificultoso. Los molinos de agua -asentados también junto a ríos y canales- fueron un gran ejemplo al convertirse en una considerable ayuda para el hombre que, hasta entonces, había triturado el grano en molinos de mano sirviéndose de dos piedras pulidas: una llana donde lo depositaba y otra redonda que lo rompía. | |
Hacia el siglo XVI el interior de la península sufre una sequía devastadora que obliga a la búsqueda de otras fuentes de energía. Los últimos cruzados que regresan de Tierra Santa y la llegada de la Orden de Malta a España se consideran hoy los posibles emisarios de una nueva construcción -localizada por vez primera en Jerusalén- que, aprovechando la fuerza del viento, era capaz de poner en funcionamiento toda una maquinaria destinada a moler el grano. Situados en | |


